DE LOS REGALOS QUE UNO GUARDA ESPECIALMENTE
He visto en más de una oportunidad pañuelos agitándose en el muelle, como si lustraran la caja mágica que guarda los recuerdos, como si la prepararan para la ausencia, como si buscaran en ella los lugares aptos para preservar las lágrimas sobrevivientes de una angustia segura, que se agazapa, -más allá de los cariños-, allende el horizonte.
No es fácil hacerse adicto a las despedidas, ni a lograr embriagarse con ausencias, no es fácil, claro que no…
Como un eco se escucha la voz del poeta, desde algún rincón del alma, que repite acongojado una y otra vez: “-Quédate hoy conmigo, vive conmigo un día y una noche más y te mostraré, entonces, el origen de todos los poemas, quédate hoy conmigo, no te vayas aun…-“, pero no hay nadie para escuchar su voz, para entender sus dichos, -porque no hay oídos prestos-, porque para escuchar hay que ser sensible y, va de suyo, que la sensibilidad es casi una virtud del alma de la que muchas personas sólo dicen poseer, adoptan las formas, carecen de las raíces y entonces, por ende, llaman cursi lo que no comprenden.
El poeta murió entre el agitar de pañuelos que lustraban adioses, pero nadie en cubierta lo pudo ver, su discurso se ahogó y desde el alcázar avanzaba callada la noche, sobre el pecho de la sombra se vislumbraba un mañana esperado y querido, casi necesitado.
¡Qué difícil se me hace llegando la noche imaginar la luz del amanecer..!, es tan sólo una esperanza sutil que se enmaraña entre mis venas.
Allá lejos está el puerto del hada premonitoria de mañanas anhelados, esperándonos, para regalarnos un nuevo año. Su puerto es un ángel. Los barcos de las vidas van hacia allí, el mío, el tuyo y el de los demás.
Yo me adelanté he hice un trato con ella: Le pedí que a tu arribo te entregue un año nuevo lleno de dichas, -todas con un envoltorio fácil de abrir-, que corte de antemano los nudos que pudieran retardar tu hallazgo.
Que ese año nuevo que tiene para regalarte y del que, obligatoriamente vas en búsqueda, venga para vos y para los amados tripulantes de tu barco, con una gran caja de esperanzas bellas, todas con un sello en la piel que ordene se cumplan de inmediato y sin esperas.
También, en mi trato, le pedí que te regale mucha salud, toda la que necesites, para que te sobreabunde, por si llegara el caso en que quisieras tener que regalar, en deseos, para alguien de algún puerto lejano que descubras en la nueva singladura que se aproxima.
También le pedí que pinte tu barco color amor, desde la quilla hasta el tope del mástil, desde la roda al codaste y desde babor a estribor, -todo completo-, y que, por supuesto, lo pinte con varias manos para que siempre brille. En secreto, le dije al hada en su oído, que era, para cumplimentar el trato que hacía, mi deseo vehemente que te regalara la dicha de un amor para tu vida, porque si bien eras una Capitana luchadora, perseverante, llena de cariño por dar, te faltaba la caricia de un sueño y yo quería que te llegara con este año nuevo.
Por último, en mi trato consigné que, como condición sine qua non, debía el hada llenar las bodegas de tu nave con trabajo, para que jamás faltare nunca una prosperidad creciente por el resto de tus días. Ese fue mi trato con ella. A cambio de todo ello le permití tomara de mí lo que quisiera y la hiciese feliz. Estuvo de acuerdo y me dijo que, según su libro de bitácoras, tu nave amarraría en su puerto el día 31 de diciembre a las 24 GMT y que instantáneamente mi trato sería cumplido, que todos mis deseos hacia ti te llegarían incólumes.
Le dije, entonces, que cuando estuvieras por partir hacia la nueva singladura del próximo año, te diera un beso de mi parte y te dijera que tuvieras siempre buenos vientos, que era mi deseo.
He visto en más de una oportunidad pañuelos agitándose en el muelle, como si lustraran la caja mágica que guarda los recuerdos, como si la prepararan para la ausencia, pero en tu nave ondean las banderas, con las que te engalané, llevando bordado un emblema que reza: ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!

Estas bellisimas palabras están guardadas en mi corazón desde hace mucho tiempo. Es de esos regalos que aunque el tiempo los vuelva ocres, siempre tienen el perfume fresco, siempre brillan como en el primer minuto. Siempre vuelven a acelerar el corazón, en una emoción vivificante...
Quizás porque en su momento significaron un mensaje especial, continuan teniendo brillo propio. Y ese brillo hace que uno vuelva a releerlas... intentando recuperar momentos que los calendarios se llevaron...
Gracias por compartirlas....












kinga dijo
wow! que bonito.
Gracias a ti por compartirlo
8 Noviembre 2007 | 02:44 PM