Amor propio
AMOR PROPIO
Nos aferrábamos a dos dedos que nos alzaban y a un pezón o a una tetina de la que manaba alimento. Y con la vista aún por estrenar, reclamábamos comida con el llanto. Nacimos sin otra idea que un gigantesco instinto de supervivencia. ¡ Sin que nadie nos hubiese enseñado, defendíamos nuestro propio bien!
Después, por imitación, sugestión o coacción, fuimos llenando nuestra personal mochila con las ideas que mejor entendimos nos iban a servir. Todas, sin excepción, ideas y culturas sobrevenidas como consecuencia de nuestros espacios y nuestros momentos. Capas que se nos adhieren e incluso a veces llegan a ocultar nuestra conciencia más primitiva: la de poder vivir.
La soledad, la ambición desmesurada o la inseguridad han hecho que todos, en algún momento, hayamos adherido a nuestra vida, relaciones y creencias que han alterado nuestro instinto más genuino. Relaciones que incomodan, políticas que agreden, creencias que flagelan, objetivos que estresan.
Hasta que un día, con motivo de algún profundo trauma, reconsideramos todo lo vivido. Y en la tormenta, nos despojamos de todo lo adherido para volver a aferrarnos a nuestro yo más genuino: nuestro propio bien, desprovisto de toda agresión a los demás.
(una reflexion personal de G.L.)





