En el año 270 D.C., Claudio II (Claudius II Gothicus),

Emperador de Roma, prohibió contraer matrimonio.
Claudio emitió este decreto porque estaba convencido
de que los hombres casados eran malos soldados ya que,
en caso de guerra, eran muy reacios a separarse de sus familias.
Claudio también había prohibido el Cristianismo
en esa época porque deseaba ser alabado
como el dios supremo, como el Emperador de Roma.

Valentín fue obispo durante este período (268-270),

en el que se prolongó el autoritarismo de Claudio II.
Él consideraba que los decretos de Roma eran indignos
y estaba convencido de que el pueblo debía
ser libre para amar a Dios y para contraer matrimonio.
Por ello, solicitó a las parejas jóvenes que fuesen a él,
y los casaba en secreto, los unía como parejas.

Pero llegó un momento en que apresaron

a Valentín y lo llevaron ante el
emperador. Éste vio que Valentín era un hombre
de una gran convicción y con una voluntad firme.
Claudio intentó persuadir a Valentín una y otra vez
para que renunciase al Cristianismo y sirviese
al imperio y a los dioses romanos. A cambio de ello,
Claudio estaba dispuesto a perdonarle y a convertirle
en uno de sus aliados. Pero San Valentín se aferró a su fe
y no renunció a Cristo. Debido a ello, el emperador
le sentenció a una ejecución en tres partes: primero
le pegarían una paliza, luego lo apedrearían y,
finalmente, lo decapitarían.
Valentín
murió el 14 de Febrero del año 270 D.C.