Todo tiene un porque
TODO TIENE UN PORQUE
Aunque en
Después, hubo gente que quedó seca por la economía de Alfonsín. Todavía no eran muchos, diez, veinte mil, veinticinco mil personas, de las cuales un ochenta por ciento tampoco se pudo recuperar, y fue quedando a un costado del camino. Después vino el golpe desgraciado de la hiperinflación de Alfonsín, que dejó otro tendal. El sedimento de los arruinados se iba acumulando. Y después viene el primer año y medio de Menem, en donde el gobierno fue un barco sin timón, con más hiperinflación y los bónex de Erman Gonzalez, que también tiraron a la lona a otra parte de la sociedad argentina. Y después viene el uno a uno, que no se hace de manera coherente, que cierra fuentes de trabajo y aumenta las tarifas de los servicios a un pueblo que todavía tiene con qué y se ilusiona con que ese nuevo paso, al haber conjurado el peligro de la hiperinflación, le va a producir la felicidad. Y produce la felicidad en un porcentaje de gente que todavía no habia sido afectada. Ese porcentaje de gente queda anestesiada y no puede hacer absolutamente nada para defenderse de las maldades del modelo, porque simplemente, no las ve.-
Los argentinos tenemos una ingenuidad total que no se corresponde con nuestra condición de piolas, de rápidos, de “lo arreglo con un alambre”, de atractivos, simpáticos, que venden un buzón y se pueden insertar en otra sociedad en forma casi camaleónica, con más velocidad que lo que tarda en desaparecer un pedo en un canasto.-
Uno también se pregunta ¿Por qué no le aguantan a Duhalde o a De
Menem pudo completar sus dos periodos, y para mucha gente, curiosamente, eso es un gran logro. No les importa que hizo, no les importa como lo hizo, no les importa que desgajó el país, que lo desguazó, que vendió todo y lo desnaturalizó, que los dejó en la calle, que propició la desocupación como nadie lo hizo en el siglo veinte. No les importa. Terminó. El, por lo menos, terminó
Esa es otra de las historias de
De “





