tres, diferentes

Tristeza del Recuerdo
Por las esquinas vagas de los sueños
alta la madrugada, fue conmigo
tu imagen bien amada, como un día,
en tiempos idos, cuando Dios lo quiso.
Agua ha pasado por el río abajo,
hojas verdes perdidas llevó el viento
desde que nuestras sonrisas vieron quedas
su afán borrarse con el sol transpuesto.
Hermosa era aquella llama, breve
como todo lo hermoso: luz y ocaso.
Vino la noche honda, sus cenizas
guardaron el desvelo de los astros.
Tal jugador febril ante una carta,
un alma solitaria fue la apuesta
arriesgada y perdida en nuestro encuentro;
el cuerpo entre los hombres quedó en pena.
¿Quién dice que se olvida? No hay olvido
Mira a través de esta pared de hielo
ir esa sombra hacia la lejanía
sin el nimbo radiante del deseo.
Todo tiene su precio. Yo he pagado
el mío por aquella antigua gracia,
y así despierto, hallando tras mi sueño
un lecho solo, afuera yerta el alma.
(desconozco el autor)
Otoñal
Nostálgica lluvia de hojas amarillentas,
contemplo bajo un árbol que llora,
Es triste, como si deshojara la aurora
y cayera en pedacitos a la tierra,
porque saben que pronto quedan muertas
como el alma que sin amor queda sola.
Aunque no se puede negar que la belleza
extasía nuestros ojos cuando esparcen
aquí y allá como si quisieran
pedir que las miren, que no muera
el recuerdo de sus verdes primaverales.
Se deslizan lentamente por los aires,
el viento enternece y se torna amable,
las va recogiendo y con delicadeza,
las reúne para que lloren la pena
de morir quemadas por invernales
Adiós, Otoño, preámbulo de tristeza,
están desapareciendo tus nidos verdes
vienen con prisa las lluvias de nieve,
y cubren sin piedad lo que fue tu fuerza,
los fríos en montañas tu belleza entierran
y el pálido amarillo de tu piel desaparece.
Carmen Flores
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Atrás queda el ocaso, las vocales
desnudas, la verdad, el sortilegio,
las fuentes de la voz, el privilegio
de todas las palabras capitales.
Atrás quedan fronteras de abisales
y nítidas cadencias, el egregio
tañer de los sonidos y ese arpegio
de todos los sintagmas adverbiales.
Atrás los altos montes, las llanuras,
los timbres de los verbos, de los nombres
que nombran los poemas del futuro.
Atrás un soliloquio de estructuras,
un clamor de metáforas sin hombres.
El poeta está solo en claroscuro.
Nieves Álvarez Martín







